domingo, 30 de octubre de 2016

Una noche que no conoce el alba: Osip Mandelstam por Javier Gil






“Stalin: ¿Pero es o no un maestro?; Pasternak: ¡No se trata de eso!; Stalin: ¿De qué entonces?; Pasternak: Me gustaría encontrarme con usted... Que habláramos.; Stalin: ¿Sobre qué?; Pasternak: Sobre la vida y la muerte...”. Así acabó una extraña conversación entre Stalin y Borís Pasternak sobre Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938), uno de los grandes poetas rusos del siglo XX, que corrió la misma suerte que otros muchos, perecer en uno de los tantos campos de trabajo repartidos por la URSS (en su caso, en un campo de tránsito en el extremo oriental del país, cerca de Vladivostok, cuando se encaminaba a la región de Kolymá). 

Esto fue en diciembre de 1938, pero su calvario comenzó años antes, en mayo de 1934. Entonces, Osip Mandelstam fue arrestado por primera vez en relación a un poema que había compuesto y recitado a diferentes personas. El factor que hacía “tan peligroso” el poema que aterraba a todo aquel que lo oía era su tema, Stalin, y el tono satírico y crítico con el que lo retrataba. Todos sabían que algo así solo podía traer desgracia, especialmente teniendo en cuenta que los soplones del estado podían estar en cualquier parte y cualquiera podía ser uno de ellos.

La condena inicial fue de unos años fuera de las “ciudades prohibidas”, como Moscú o San Petersburgo, una fórmula por la cual la entrada a determinadas ciudades estaba prohibida para los condenados por motivos políticos. Para la época, esta condena a priori resultaba benévola (su amiga la poeta Anna Ajmátova la consideró “vegetariana”). Su vida a partir de ese momento se convirtió en un continuo periplo o vagabundeo y durante gran parte de él sin posibilidad de encontrar un medio para ganarse la vida. 

Todo esto, desde ese fatídico día de 1934 hasta la muerte del poeta, fue relatado con una lucidez sin concesiones por su viuda, Nadiezhda Mandelstam, en uno de los testimonios más exhaustivos de este periodo, unas memorias que tituló Contra toda esperanza. “Nadiezhda” significa “esperanza” en ruso y sobre esta paradoja escribió en el libro: “¿Por qué me habrán dado el nombre de Nadiezhda en los umbrales del nuevo siglo, al comienzo mismo del fratricida siglo XX? (...) No se puede vivir sin esperanza, pero pasábamos de una esperanza fallida a otra”. 

A lo largo de estas memorias dejó plasmados el terror y desasosiego en el que vivieron estos años, fue el testigo de una época y unos acontecimientos a los que pocos sobrevivieron y pudieron dar cuenta cabalmente: “Y llena de horror me decía a mí misma que entraríamos en el futuro sin testigos capaces de atestiguar lo que fue el pasado. Tanto fuera como dentro de las alambradas todos habíamos perdido la memoria. Sin embargo, había personas que desde el principio se plantearon como misión la de no conservar simplemente la vida, sino la de ser testigos”. Y uno de esas personas, como decíamos antes, fue ella misma. 





Su memoria, además de dar testimonio de esa época, también sirvió para conservar la poesía que su marido escribió durante todo el periplo desde esa fatídica madrugada de mayo de 1934, cuando comenzó su calvario acusado de “actividades contrarrevolucionarias”; su memoria y las copias que de esta fue repartiendo sirvieron para que la policía no pudiera hacerse con todo en los registros a los que eran sometidos tanto ellos como sus contactos. Como cuenta en el capítulo “El archivo y la voz”: “Algunos poemas y textos en prosa de Mandelstam desaparecieron, pero se ha conservado la mayor parte y esta es la historia de mi lucha contra las ciegas fuerzas de la naturaleza que intentaron arrasarme a mí y a los pobres trozos de papel que conservaba”.

La vida literaria de Mandelstam comenzó de la mano de los acmeístas, movimiento artístico que surgió como reacción a las posiciones de los simbolistas (equivalente a nuestros modernistas) y que pretendía abrir la cultura rusa al resto del mundo. Según la definición que del mismo dio Mandelstam, el acmeísmo es "la nostalgia de la cultura universal". Entre sus fundadores se encontraba Nikolái Gumiliov, primer marido de Anna Ajmátova. De los formantes del grupo, la propia Ajmátova y Mandelstam han quedado como sus representantes más importantes. Antes de su detención había publicado algunos libros, como Trisita (1922), pero, paradójicamente, de esa época de tormentos y miedo surgió lo más importante de su obra, como Cuadernos de Voronezh, del que traemos aquí un fragmento (en traducción de Jesús García Gabaldón). 

Voronezh fue una de las ciudades en las que pasó junto a su esposa ese exilio interior que supuso un paréntesis entre su primera detención y su muerte (de “milagro” lo califica Nadiezhda: “El milagro nos salvó y nos concedió el don de tres años de vida en Voronezh”). Parece ser que la condena quedó minimizada en un primer momento por la intercesión directa de Nikolái Bujarin (que ya había intercedido en favor de Mandelstam con anterioridad) y la de Borís Pasternak. Como contábamos al inicio de este artículo, el mismísimo Stalin llamó a Pasternak para saber de la “maestría” de Mandelstam. A Pasternak, por el contrario, lo que le importaba era la superviviencia de su amigo, de ahí su “no se trata de eso”, sino “sobre la vida y la muerte”. 

Parece que Stalin se preocupaba por conservar a aquellos poetas que pudieran dar cuenta del gran líder con su arte. De hecho, al final de su vida, el poeta acometió la composición de una oda a Stalin con la esperanza de que gracias a ella pudieran sobrevivir tanto él como Nadiezhda. No cumplió su cometido en su caso, pero sí en el de su viuda. Su composición fue paralela a la de otros poemas de signo opuesto que formaron parte de Cuadernos de Voronezh: “El poema concebido artificialmente, en el cual Mandelstam decidió aprovechar todo el material que en él bullía, se convirtió en la matriz de todo un ciclo de poemas opuestos, contrarios a su primera intención”, cuenta Nadiezhda en el capítulo dedicado a la oda y su composición. Según nos dice J. M. Coetzee en su libro Contra la censura hablando del caso Mandelstam, Stalin no solo pretendía que le “loaran”, también buscaba otra cosa: “Hacer que los grandes artistas de su época le rindieran pleitesía era el modo que tenía Stalin de destrozarlos, de hacerles imposible ir con la cabeza bien alta”.

“Al elegir su forma de morir, Mandelstam utilizó una sorprendente peculiaridad de nuestros dirigentes: su excesivo, casi supersticioso, respeto por la poesía: ‘De qué te quejas –me decía-, este es el único país que respeta la poesía: matan por ella. En ningún otro lugar ocurre eso’”, le dijo una vez Osip Mandelstam a su esposa, y el propio poeta sufrió con intensidad este “respeto casi supersticioso” pagando con la errancia y al fin con su vida su independencia. Aunque, según cuenta Nadiezhda Mandelstam, la acusación era lo de menos, en muchísimos casos no la había a priori: “Dadnos al hombre, que la acusación ya la encontraremos”, nos cuenta que decían con frecuencia aquellos encargados de ajusticiar y perseguir en nombre del estado. Gracias a ella, el legado de Osip Mandelstam, tanto espiritual como literario, ha llegado a nosotros a pesar de todos los pesares. 

Para terminar este acercamiento al gran poeta ruso y su trágico final, traemos a esta sección los últimos versos de un poema de su amiga Ajmátova escrito a partir de una visita a Osip y Nadiezhda Mandelstam a Voronezh: “Pero en el cuarto del poeta caído en desgracia / Miedo y musa se turnan en la guardia. / Y viene una noche / que no conoce el alba”.







Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Y cuando osamos hablar a medias,
al montañés del Kremlin siempre evocamos.
Sus gordos dedos son sebosos gusanos
y sus seguras palabras, pesadas pesas.
De su mostacho se burlan las cucarachas,
y relucen las cañas de sus botas.

Una taifa de pescozudos jefes le rodea,
con los hombrecillos juega a los favores:
uno silba, otro maúlla, un tercero gime. 
Y sólo él parlotea y a toros, a golpes,
un decreto tras otros, como herraduras, clava:
en la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo.
Y cada ejecución es una dicha
para el recio pecho del oseta.

            Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938)
            Traducción de Jesús García Gabaldón



Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo.
Con tu amiga la mendiga
Gozas de la grandeza de las llanuras,
De la niebla, del frío y de la nevada.

Vive tranquilo y consolado
En la pobreza opulenta, en la miseria poderosa. 
Son benditos los días y las noches
Y es inocente la fatiga dulce y sonora.

Infeliz aquel que, como su sombra,
Teme el ladrido y maldice al viento.
Y miserable aquel que, medio muerto,
Pide limosna a su propia sombra.

                        15-16 de enero de 1937
            
            Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938)
            De Cuadernos de Voronezh (Igitur, Tarragona, 2002)

Traducción de Jesús García Gabaldón




miércoles, 3 de agosto de 2016

La geometría del Uno pide su voz - Reseña de La nada que parpadea de Yaiza Martínez




Por
Laura Giordani



Cuatro años después de la publicación de Caoscopia (Colección ONCE de Amargord Ediciones, 2012), Yaiza Martínez nos invita en su último libro, La nada que parpadea (2016, Colección eMe, Ediciones La Palma), a otro viaje que tiene mucho de viaje al origen, centro germinal o primera morada.  Al igual que en anteriores poemarios, la escritura poética se articula conforme a una geometría precisa y va desplegándose de acuerdo a una estructura espacial que la precede; no como constricción formal, sino  como matriz ígnea: se trata de estructuras vivas, holones, fractales. Basta recordar cómo en Siete-los perros del cielo, la escritura adoptaba una estructura en espiral, mientras que en El Hogar de los animales Ada y Agua era la de red o telaraña, genealogía femenina que hila memoria y lenguaje.  

La figura elegida -o que elige ahora al pulso de Yaiza- es la del laberinto,  concretamente  y tal como da cuenta la autora en una nota de contraportada, el laberinto de la catedral de Chartres. Yaiza habla de posible casualidad en esa elección; en todo caso, sería un “azar cargado de sentido” ya que en el centro de dicho laberinto se encuentra la flor de la vida, símbolo de la energía femenina. De hecho, es de las pocas catedrales donde se venera de manera central y ancestral la figura de la virgen. Se trata de un mandala cosmológico y calendario de base lunar que tiene su fundamento en la geometría sagrada. Mientras que el círculo es universalmente reconocido como símbolo de totalidad y unidad, la espiral es símbolo de transformación y crecimiento

El laberinto
es el hilo
es el laberinto
es el hilo

Cuenta la leyenda que en este punto telúrico un sacerdote druida tuvo una visión en la que una “virgen” daría a luz a un niño. Los druidas tallaron una imagen de madera y la colocaron en la cámara que protegía al dolmen, junto al pozo, y recibió el nombre de “virgen bajo tierra”. Una virgen que representaría  las fuerzas de la madre tierra en gestación que dará a luz la semilla-niño.

La vocera anhela
ordenar su cuerpo con la estructura





Como la vocera, Yaiza Martínez ordena su voz de acuerdo a una estructura circular y laberíntica: los cantos del principio se recrean. El libro está organizado en doce partes, once de ellas señaladas con números romanos mientras la última lleva el nombre de “Jenabe” y sería aquello que resiste cualquier cuantificación porque es origen y semilla. La estructura se asemeja a los once círculos del laberinto de Chartres, círculos que hay que atravesar, más un camino directo; el doce o vía segura; es decir, sin caminos falsos  ni riesgo de extraviarse ya que su senda conduce siempre el centro, para luego retornar hacia la salida.

La hija de la ciudad en el laberinto se adentra.
Separa los labios. Habrá de darse al dorado
adormecer
al monstruo,
peligrar,
pues todos temen a la mensajera como
                                               [portadora de la desgracia


Mercurio representa al lenguaje que sirve para que la protagonista, la vocera, pueda hacer advertencias a su pueblo. Y también representa la trampa del lenguaje. Lo uno y lo múltiple como la nada del propio laberinto; el engañador.

Si pudiera, por Mercurio,
entregar un solo mensaje a tiempo
“¡agua, agua viva se cierne!”
que sea escuchado

-más los pierde la fe
en los satélites-




Sin embargo, no nos engañemos con las numerosas referencias a arquetipos y seres mitológicos,  La nada que parpadea recorre y atraviesa con un lenguaje afilado la niebla de esta época, rasgando el cinismo del discurso oficial; un mundo sin símbolos sostenido por un holocausto invisible. Un mundo que venera y alza a Heces y a Dinero como sus únicos dioses. Hay pasajes con rotundas referencias a ese mundo en descomposición, al ecocidio y también a la amenaza que se cierne sobre la biosfera entera, una advertencia a una civilización que edifica su bienestar sobre el incesante sacrificio de otros:

“Por el bien de los nuestros,
 consumimos al prójimo…
Y esa es la razón del adoquinado
de huesecillos”,

recitaban los barones en los platós. Hembras
con gargantillas les sonreían.
Luces de plástico insultaban a los colores

Un mundo que ha olvidado la naturaleza del Uno que lo contiene y en el que los fragmentos luchan por mantener su primacía en una suerte de amnesia o “extravío” de la unidad primigenia. Un mundo que parece sordo a cualquier voz que no sea la de las pantallas, hechizado por los móviles de última generación fabricados en base al sacrificio en las minas de la periferia.

Todo debe regresar a la ternura
¿Acaso no fuiste niño?
No encuentra respuesta. Entonces mendiga; ama
y aprende
del intelecto del corazón

El intelecto del corazón, iluminado por la fuerza del Uno, podría ser esa vía segura y directa, sin extravíos, por el laberinto del progreso, del lenguaje y la falacia de la separación. La geometría del Uno reclama con urgencia la reintegración de la energía femenina secuestrada y del hemisferio cerebral derecho para restaurar el equilibrio planetario:

Voces femeninas han hecho
sonar los instrumentos: en cada estrato
florece
su anhelo ordenado




El jenabe, la más pequeña de las semillas,  proviene de una esfera diferente y muy superior a la del intelecto porque es vida. La salvación no se halla en lo grandilocuente, sino quizás en el potencial de una partícula que porta en su interior una explosión de fruto. Un minúsculo centro que custodia –invisible a los satélites- la gestación de un nuevo mundo.


LA FLOR VUELVE a la estructura;
cada ciclo pinta de color el árbol


para atraerla
por el sendero de huellas como pétalos
hacia la trampa del libro

La geometría del Uno
pide su voz

Afuera está el escándalo
del océano

con todas sus formas finitas 



Laura Giordani
Junio de 2016





Yaiza Martínez (Las Palmas de Gran Canaria, España, 1973) es narradora y poeta. Licenciada en Filología Hispánica por la UCM en 1997, ha trabajado como escritora, periodista, traductora, y profesora de escritura creativa y de español para extranjeros. Actualmente, es Directora de la revista on line de ciencias y humanidades Tendencias21.

Ha publicado los poemarios Rumia Lilith (Ateneo Obrero de Gijón, 2002), El hogar de los animales Ada (Devenir, 2007), Agua (Idea, 2008), Siete-Los perros del cielo (Leteo, 2010) y Caoscopia(Colección Once, Editorial Amargord, 2012); así como la plaquette El argumento de la realidad (2014), en la Colección Poética y Peatonal. Ejemplar Único, que edita, con pinturas propias, el artista argentino Gabriel Viñals. Esta plaquette fue reditada en noviembre de 2014 por Ediciones Tigres de Papel (Madrid). En 2016 ha publicado La nada que parpadea, en la coleccióneme de Ediciones La Palma.

También es autora de la novela, Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008) y de la novela juvenilInterbrain (inédita). Ha sido incluida en la antología de poesía Poetas en blanco y negro. Contemporáneos (Abada Editores, 2006); en la antología de relato breve Tripulantes (Editorial Eclipsados, 2007); en la Antología de Poesía Iberoamericana Contemporánea en Griego de Vakxikon (2013); y en los libros conjuntos Por donde pasa la poesía (Baile del Sol, 2011), La voz de la ciencia (PIAS Spain, 2012), Los colores del conocimiento (Lola Books, 2013), Desviada Luz. Antología gongorina para el siglo XXI (Delirio, 2014), Marca(da) España (Amargord, 2014),28.28 La Europa de las Escritoras (Gobierno de Cantabria, 2015), Limados (Amargord, 2016) yTraslúcidas (Bartleby, 2016).

Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al griego y al noruego; y ha aparecido publicada en diversos medios como ABC, El signo del gorrión, Vera, Los noveles, Sol Negro, Artes Hoy, Afterspot, etc.



Esta reseña fue elaborada para el número 24 de la revista de poesía de la Fundación José Hierro, Nayagua, aquí el enlace al ejemplar de la misma:

https://issuu.com/julioreija/docs/revista_nayagua_24




jueves, 7 de julio de 2016

La tierra gira y zumba: tres poemas de Anise Koltz





Anise Koltz, 1964


I

Dios
te imploro
como si existieras

Baja de tu cruz
nos hace falta leña
para calentarnos





II

Me sublevo
mi corazón golpea
el interior de mi cuerpo
como zapatos
de miles de manifestantes

Dios está del lado
de los ganadores
sus ángeles planean en el cielo
con los buitres




III

En mi corazón
cada rincón está dedicado
a un Dios diferente

Aprendo sus letanías
y les echo incienso

A ninguno le preocupa

La tierra gira y zumba
como un insecto monstruoso



                                              

  
     



Anise Koltz nace en Luxemburgo en 1928. Tiene ascendencia checa, alemana, belga e inglesa. Escribe sus primeros textos en alemán pero poco a poco empieza a escribir también en francés y acaba abandonando su primera lengua literaria; sin embargo ha traducido a varios autores de lengua francesa (Andrée Sodenkamp y Léopold Sédar Senghor) al alemán. Es autora de más de una veintena de libros, entre ellos Galaxies intérieures, que fue publicado en 2013 por la editorial francesa Arfuyen. En español se han traducido dos antologías de su obra bajo los títulos Cantos de rechazo (Hiperión, 1998) y Bendita sea la serpiente & El tragador de fuego (La Garúa, 2008).



domingo, 27 de marzo de 2016

Tres poemas de Clarisse Nicoïdski [El color del tiempo]

Clarisse Nicoïdski, diáfana como un fuego. 
Juan Gelman 



escrita
línea de la primera escritura
palabra de una lengua perdida
intento escucharte
cuando duermen los ojos la cara la frente
cuando
no eres nada más que un barco al final de su viaje
nada más que una escritura muda




abrió la puerta
con sus manos
encendió
un fuego de espanto
tomó el pan
con sus manos
comió
una comida de espanto
tomó el agua
en sus manos
bebió
un agua de espanto
y cuando abrió las manos
leyó en ellas
una mancha de espanto



la pared me está mirando
la luz
me está mirando
también la lámpara la silla la mesa
con el ojo único
de las cosas
el ojo
caminando
alrededor de ti
de mí



El color del tiempo (Poesía sexto piso)
Edición bilingüe (sefardí/español) 
en traducción al castellano de Ernesto Kavi





Clarisse Nicoïdski nació en Lyon en 1938 y murió en París en 1996. La crítica la considera unánimemente como la poeta de lengua sefardí más importante del siglo xx. Su obra marcó decisivamente a varios poetas hispanoamericanos, en especial a Juan Gelman, y al español José Ángel Valente. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías de Francia y España. Fue, además, una importante crítica de arte y una reconocida novelista. Por su primera novela, Le désespoir tout blanc, recibió el Premio de la Academia Francesa en 1968, y por su libro autobiográfico sobre los años de la Ocupación, Couvre-feux, recibió el Premio de las Lectoras de la revista Elle. Sus libros han sido traducidos al español, inglés y alemán.

Escribe Ernesto Kavi, responsable de la versión al castellano, “la poesía es una forma de restaurar el tiempo”. Este libro alza una arquitectura idiomática que tras su poda del árbol histórico del castellano siguió una evolución con latidos y esquemas de armonía confiados a la memoria; por tanto, se gesta así otro español, un idioma que dibuja el color del tiempo. Clarisse Nicoïdski, en el breve liminar, anota su razón escritural, a partir del periplo biográfico familiar; su poesía es el preciado testimonio de una lengua secreta.

Para leer artículo completo:
http://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2015/01/clarisse-nicolaidski-voces-de-sefarad.html



viernes, 18 de marzo de 2016

Do not go gentle into that good night- Dylan Thomas




Do not go gentle into that good night

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.


Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.


Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.


Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.


Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.


And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.




No entres dócil en esa dulce noche

No entres dócil en esa dulce noche:
debe arder la vejez y delirar al fin del día;
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Aunque sepa al morir que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no relampaguearon el sabio
no entra dócil en esa dulce noche.

Tras la última ola el hombre honrado, clamando lo brillantes
que habrían bailado sus gestas pobres en las bahías verdes,
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

El rebelde, que atrapó el sol cantándolo en su vuelo
pero aprende, tarde, que lloraba su paso,
no entra dócil en esa dulce noche.

El solemne, en su muerte, al ver con vista cegadora
que ojos ciegos podrían flamear como meteoros, alegres,
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Y tú, padre, allá en la altura triste,
con llanto feroz maldice, bendíceme ahora, te ruego.
No entres dócil en esa dulce noche.

Rabia, rabia contra la agonía de la luz.


Traducción:

Niall Binss
Profesor de Literatura en la Universidad Complutense y poeta.

http://www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=1276

sábado, 9 de enero de 2016

Fragmentos de CINCO de Teresa Garbí con fotografías de Emilio Ruiz


          


Pero la tierra conoce algo más: polvo, hojas,
cristales y un sin fin de miradas errantes que
nunca han podido fijarse en nada y que, tal
vez, nacieron tras una ventana herida por
miles de reflejos.

Algo removía el agua y se formaban círculos
en su brillo plateado. Todo, al caer, dejaba su
corteza en el fondo. Hubo cuerpos sumergidos
en su corriente. Algunos le transmitieron su
palpitación y su ritmo interior.

El aire se estiraba, se resistía a sumergirse,
pero la presión de la humedad y de las hojas
caídas, su propio peso, le obligaron.

Era el fuego quien le empujaba con un
bloque de vapor.
Y la tierra depositaba su palpitación en el 

curso del agua. Dirigía las emociones de 
todos los seres, retenía el calor del fuego en 
la superficie.

Dijo el agua: yo soy el flujo eterno, la
negación del tiempo.


Pero soy yo, el aire, quien retiene las
imágenes. A veces algo destella y no se borra
jamás. Por eso vine atravesando un túnel de
hojas que se agitaban a mi paso.

Y yo, el fuego, hacía destellar el camino.

Te detuviste en mí, la tierra. Hubo un silencio.
Me habías quemado enrojeciéndome con una
llama. Cayó la oscuridad. Habíamos salido
fuera de nosotros y éramos otro cuerpo, un
solo cuerpo.

Tuvimos, desde entonces, una sola voz, la
suya.

Voz llamada silencio. Un silencio material,
dibujo supremo, síntesis de todas las fuerzas;
una evidencia que respira nuestra emanación:
Tú que eres todo desorden, todo mezcla, todo
infinito, espíritu en el que el tiempo revierte
en eternidad.







III


El cielo de Sigüenza no es enteramente azul. 
Se respira un aire cansado, un aire de incienso 
y de ceniza. No es posible apreciar su color 
con la nitidez de otros celajes porque un velo 
cubre la ciudad y todo está ensombrecido por 
el peso y la palpitación de un rumor interno. 
El viajero sabe que, al respirar, comulga 
formas transparentes, el dibujo de ese rumor.

Sigüenza es seca, sedienta, pero, en cada 
rincón, se desangra en fuentes que parecen 
adormecerse besando el desierto en el que 
nacieron. No hay agua más destilada ni 
más pura que la que aflora en el secano, a 
borbotones, como un lujo supremo, pero, a la 
vez, esperado. Al igual que en el rigor de la 
muerte sorprendemos siempre el claro curso 
de la vida.

[..]






Dicen que en Sigüenza se nota la vigilia del 
Doncel. Que no hay nadie vivo, que nadie 
duerme. Que el sol hiere a los viajeros que se 
arriesgan a conocer sus empinadas calles. Que 
todo está apresado por ese velo que repite en 
cada retícula una mirada del Doncel. Dicen 
que, con el aire, se absorbe su cuerpo y se 
conoce el misterio de todas las cosas y ya no 
es posible escapar.

El campo duerme. A considerable altura 
revolotea una bandada de vencejos. Todas las 
calles parecen traspasadas por su vuelo y sus 
cantos.





El caminante intuye esa verdad oculta en la 
vegetación. Para alcanzarla quisiera olvidar 
el brillo áspero de las encinas y de los robles, 
el sonido sordo de las espigas, la sombra 
estrecha que las hojas tejen sobre su camino, 
el susurro de la vida. Porque él sólo desea el río 
subterráneo, el significado de tanta apariencia. 
Querría enfrentarse con ese aire destilado en 
el que la nada y la luz convergen.

La búsqueda termina frente a un montón de 
casas sobre las que surge, en lo alto, el castillo, 
y, más baja, flotante, irradiando una dorada 
luminosidad, la Catedral.

El viajero vuelve definitivamente a Sigüenza. 
La vida es eso: dejarse mecer por los cánticos 
sagrados, caminar por las calles errante, 
tejiendo con sus pasos un laberinto, una 
crisálida que sea respuesta al velo que lo 
envuelve todo. Y, por fin, dejarse morir 
hasta que la piedra nos convierta en piedra e 
interpretemos su trama y su razón.





Tú sabes que, entonces, podrías desaparecer.
Despertaríamos en un campo liso, inacabable, 
y la nostalgia se apoderaría otra vez de nuestras 
vidas. Porque ya ni siquiera te recordaremos 
en ese aire tibio que no rebasa el límite de la 
piel y en donde nada existe.

Pero aún estás en la capilla. Te mueves con 
paso solemne y natural como un árbol se 
movería en cualquier campo. Con su misma 
dejadez ocupas tu lugar de siempre. Tiene 
tu cuerpo la curvatura precisa que no puede 
ser rozada por el aire porque no lo hiere. Has 
interpretado su proporción y su ritmo y, por 
eso, no te expones inerme con el rostro vuelto 
hacia el cielo.

Dices: -Estoy aquí para morir.

Sabes que morir es ese deslumbramiento 
breve que te hace ver sin espacios y sin 
tiempos. No hay palabras en los árboles ni en 
el viento. Porque nada existe. Esa verdad tan 
sólo. Y suena como si ya hubiéramos muerto 
todos y todo fuese un recuerdo.




Fragmentos de CINCO (Sobre el Doncel de Sigüenza) de Teresa Garbí y fotografías de Emilio Ruiz. Uno y Cero Ediciones. Para acceder a la obra completa:

http://unoyceroediciones.com/libros/cinco-sobre-el-doncel-de-siguenza/
http://unoyceroediciones.com/





Teresa Garbí nace en Zaragoza. Estudia Filología Románica en esa ciudad. Cursa estudios de Bellas de Artes. En 2013 funda Uno y Cero Ediciones junto a otros autores.

Entre sus obras de creación destacan: Grisalla, 1981; Espacios, 1983; Alas, 1987; Cinco, 1988; La sombra y el pozo, 1993; El pájaro solitario anida tras el muro, 1997; El bosque de serbal, 2001; Desde el silencio, nadie, 2007; Leonardo da Vinci: obstinado rigor, 2009; Sakkara, 2015.
Ha publicado un ensayo: Mujer y literatura, 1997 y varios libros para aprendizaje de español y lectura de enseñanza media (Una pequeña historia, 2000; La gata Leocadia y La gata Leocadia en la granja, 2002; El regreso, 2005) y dos ediciones de obras clásicas: El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, 2004, y Romancero gitano, de García Lorca, 2011.





Emilio Ruiz Zavala nace en Santander. Estudia Bellas Artes en Valencia. Sus comienzos profesionales fueron de fotógrafo de teatro y danza en esa ciudad. Posteriormente trabaja de realizador de audiovisuales para escenografías, exposiciones, actos institucionales y ferias internacionales, así como fotógrafo de reportaje.

Ha ilustrado dos libros de Teresa Garbí: Alas,1987 y Cinco, 1988. Ha trabajado desarrollando labores gráficas y de documentalista en la productora audiovisual Grupo Ganga, 2001-2003. Con la dibujante Ana Miralles, ha trabajado de guionista en siete álbumes que han sido publicadas en varias ediciones: El Brillo de una mirada, 1990, En Busca del Unicornio 1997-1999 (adaptación de la novela de Juan Eslava Galán), De mano en Mano,2009, Muraqqa’, 2011, Wáluk, 2011.



lunes, 7 de diciembre de 2015

Cantar mientras el mundo se derrumba: las obras supervivientes [Intro] Shangri-la Textos Aparte

Cantar mientras el mundo se derrumba: las obras supervivientes




La degradación del arte empieza cuando se le pone mayúscula a la palabra arte y cuando, acto seguido, el autor o su firma empiezan a valer más que el resultado de su hacer. La degradación del arte se inicia con el enaltecimiento del artista, y termina con la mercantilización de la obra. Lo mismo pasa en las artes plásticas que en las literarias.

Chantal Maillard


Frente a la creación que se aleja de la vida hasta devenir objeto estéril o mercancía, la obra concebida en condiciones casi imposibles, desde la radical necesidad. Con los materiales más íntimos, así como el animal urde con la seda de sus entrañas el hilo para avanzar, su trayectoria singular en el aire. Creación como gesto íntimo de resistencia: de espaldas a la posteridad, sin más pretensión que la de seguir respirando.

Trazas surtidas del hambre, entrañadas y necesarias –con esa fulguración única de la estrella que perece ante nuestros ojos. Reunirlas a modo de kit de emergencia en tiempos de tribulación. Verlas llegar en la fiebre blanca, nunca tardíamente, para que hablen desde lo más blando a los moribundos y a los resistentes. Para no morir de frío.


Obras supervivientes, obras vivas: una diminuta talla de madera de caldén, postales con matasellos de Mauthausen-Gusen y las veinticinco palabras permitidas, unos versos en catalán escritos en papel de saco de cemento, el dibujo de una mariposa amarilleando en una pequeña maleta de cuero. Fragmentos para resucitar lo intrínsecamente moribundo de la traza definitiva, eso ya en descomposición presente en todo gesto que aspira a la permanencia. Obras que aceptaron su fragilidad y en esa aceptación, se hicieron –paradójicamente- sólidas y resistentes; no por imantación del mármol, sino por concebirse linterna, trineo de auxilio, manta para postergar el algor mortis de los cuerpos. En lugar de hierros para apuntalar el andamiaje de alguna abstracción, hilos flexibles para tejer abrigos con los que arropar los cuerpos a la intemperie, el presente herido. (..)

Laura Giordani
Noviembre 2015



"Cantar mientras el mundo se derrumba. Las obras supervivientes", Laura Giordani en 'La supervivencia. Herramientas mínimas'.

Web: http://shangrilaediciones.com/…/shangrila-revista-25-133.php

Blog: http://textosred.blogspot.com.es/…/xi-la-supervivencia-herr…

Imagenes:, El poeta catalán Joaquin Amat-Piniella a su salida de Mauthausen, Prisioneros tehuelches en la Conquista del Desierto (Machi Oftullán), Dibujo infantil en Terezin (Doris Weiserová).






miércoles, 25 de noviembre de 2015

Bajo este puñado de tierra que calla la lengua: poemas de Joan de la Vega.






Hitos como excrementos que bifurcan el camino.
Mojón dislocado por la mano sin hombre.

Un árbol caído desnuda, exhibe sus anillos al sol mutando
la sombra. La luz, en sus tardes, descompone restos de
vértebras roídos por los sedimentos y la hiedra que aflora
entre los canchales. Huesos y neveros insepultos, sin oído
y sin nombre, a pleno sol, como instrumentos de descom-
posición.

Aún creo en la simiente de la plenitud, solaz y desmemoriada.
Aún creo en la distracción del escarabajo y el hormiguero.

Insectos como acertijos que murmuran hambre.




PORT D´INCLES, 2.263m


Este ladrido
(¡oh, este ladrido
que reclama
nuestra atención!)
es más joven
que yo.
Mucho más
sincero
y transparente
que yo.
Su acorde,
su timbre
femenino
es más joven
que yo.
No subiré
solo
a la cima
en esta mañana
fría.
Me abrigará
el calor
de su lamento,
me llevaré
su raza a cuestas.
Conmigo
(vivo ya
para siempre)
su quejido
maternal.

La montaña efímera (Paralelo Sur, Barcelona, 2011)







Todo sucede ante mí
es una historia común

la luz copula 
en su flor de silencio
en la estatura de los bosques
con la sed del camino

los nombres ignoran
su identidad

todo sucede 
menos yo




Me está enamorando
esta montaña
clavada
que yace aquí
en apariencia inerme
hábilmente esculpida
sin otras manos

para ser contemplada
por esos otros ojos
invernales
tras la muerte

Una luz que viene de fuera (Paralelo Sur, Barcelona 2012)








(105)

Cumbres airadas.
Bajo sus precipicios
un hombre libre.


(198)

Tiento al destino.
Íntimas azucenas,
no os detengáis.


(255)

En la ribera
un álamo temblón
sueña sus nubes.

(321)

Romero, digo.
Y es octubre y mi madre
de entre los muertos.


(323) 

La mano hermana
guiando la mano enferma.
Niña sin madre.


365 haikus y un jisey (Rúbrica Editorial, 2012)








PARA LA CENIZA


has esperado largo
nada mana de abajo

convocas a quien
hubo detrás
y detrás 
nadie habla

dicen que viniste por amor
amor sin condiciones 

la máxima de este cuerpo 
.    .             .   .          .       .errático
es arder

romper en aguas
en esta hora 
prenatal

para la ceniza




MINORÍA

Bajo tierra un hombre talado se interroga. Cualquier 
fonema en descomposición le recuerda al árbol de dónde 
cayó. Si despegas el labio de la cripta encontrarás el amor 
más verdadero el ojo del hueso libando moho. [No espera 
nada del ángel que le embistió.] De ahora en adelante
 reza la plegaria profunda del estiércol. La zozobra es un 
don de absolutos en minoría.




PIRENE

Y tú Pirene templo o tributo que nos fosiliza en picado. 
Muerte adobada con gran esmero de amor. Alud de los 
silencios rotos. Verbo que subyace junto a los pájaros del 
frío.



Y tú, Pirene (Editorial Denes, 2013)







¿Qué dioses reverdecen sobre tanta hoja seca?
LAURA GIORDANI



Para ahuyentar el sello de la muerte hemos convocado nuestros
cuerpos desnudos —nudos del poema— bajo este puñado de tierra
que calla la lengua. Hemos cruzado juntos el desierto de la
alteridad, auscultando la ofrenda y la copla de sus alcantarillados.
Hemos copulado con el vacío de todos los nombres. Hasta la
ceguera, hasta desobedecer los signos de la extenuación. Ningún
dios vino a posarse al filo de tanta belleza, afuera, bajo las ramas de
la embriaguez. Vivir, maldecir, caminar sobre las brasas del árbol
fue la ofensa, nuestro agravio mayor. ¿Qué voces reverdecen en el
vuelo de esta alta oscuridad que ha borrado ya todos los bosques?
Nuestro el reino vegetal de la nada, los afluentes siniestros de la luz,
los cantos rodados de la extinción. Nuestra la danza de las
estaciones, el esqueleto de las flores, los señuelos de la noche. Y
también nuestra, la barbarie: el silbo del pájaro cenital derribado en
nuestro corazón.

[vegetus]






Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramanet, 1975) dirige la editorial La Garúa Libros desde 2004. Es autor de Intihuatana (Seuba Ediciones, 2002), Ladino (Trea, 2006) que reúne sus tres primeros libros Intihuatana (Sin lugar a luz), Ixtab (La soga en el ojo) e Ipalnemoani (Por quien vivo); Trilces Trópicos. Poesía emergente en Nicaragua y El Salvador (La Garúa, 2006), La montaña efímera (Paralelo Sur, 2011), Una luz que viene de fuera (Paralelo Sur, 2012), 365 haikus y un jisey (Rúbrica Editorial, 2012)  e Y tú, Pirene (Denes, X Premio César Simón). Algunos de sus poemas han sido incluidos en Campo abierto. Antología del poema en prosa en España 1990-2005 (DVD Ediciones, 2005), Pájaros raíces, en torno a José Ángel Valente (Abada Editores, 2010) y en revistas como Alhucema, Turia, Piedra del Molino, Vulcane, Paralelo Sur, Nayagua, Barcelona review y Letra Internacional.




Fragmento de La montaña efímera (Paralelo Sur Ediciones, 2011), de Joan de la Vega, recitado por el autor.